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El cuerpo como principal lugar sagrado

La huella de Dios está en toda la creación, pero hay lugares donde Él habita. ¿Conoces el lugar donde el creador más se hace presente?

2/10/20263 min read

chapel under starry sky
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Al detenernos a contemplar por un momento todo lo que existe a nuestro al rededor, puede percibirse una delicada huella, una huella de belleza que nos eleva hacia una infinitud incomprensible pero cercana. Una estrella luminosa en el vacío, una flor colorida en medio de un campo o una sonrisa entre la multitud.

Entre los pequeños detalles de la vida hay un Creador que a simple vista parece escondido, pero que sutilmente se manifiesta. Su presencia suele intensificarse de forma misteriosa en escenarios específicos, como entre la comunión con seres amados o dentro de un templo donde nos reunimos en su nombre y Él permanece sacramentalmente.

Sin embargo, existe un espacio sagrado que a veces pasamos por alto, uno donde su presencia es latente, su huella es innegable y sin mirar afuera podemos encontrarnos con el que hizo todo lo que podemos percibir:
nuestro propio cuerpo, ese templo vivo donde Dios quiso habitar primero.

Ni en la catedral más majestuosa Dios habita de la forma que lo hace dentro de nosotros. Si se lo permitimos, Él permanece en cada uno, siendo nuestro cuerpo habitáculo sagrado. San Pablo lo dijo con una claridad que atraviesa los siglos:

“¿No saben que ustedes son templo del Espíritu Santo y que Dios habita en ustedes?”
(1 Corintios 6, 19)

Cuidar este templo no es vanidad.

Es adoración.
Es gratitud.
Es honra.

topless person standing near white petaled flowers
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La morada principal de Dios, donde podemos encontrarlo sin movernos, sin viajar, sin buscar afuera,
es nuestro interior.

No en los ruidos,
no en el desempeño,
no en las exigencias,
sino en lo más profundo de nuestro ser.

San Agustín, después de buscar a Dios fuera durante años, confesó:

“Tú estabas dentro de mí, más íntimo a mí que yo mismo.”

Ese “dentro” no es abstracto.
Se encarna.
Él vive en este cuerpo que respira, que siente, que sufre y que se renueva.

El cuerpo es la tienda donde el alma reposa, ahí Dios descansa en nosotros, haciendo que el cuidado de ambos garantice una honra definitiva a aquel que nos ha diseñado.

Cuidarnos es una forma de honrar la vida que se nos confió

No nos cuidamos para cumplir estándares imposibles ni para esclavizarnos en la vanidad.

Cuidamos nuestro cuerpo porque es un don.
Porque es el instrumento a través del cual amamos, trabajamos, oramos, abrazamos, lloramos y vivimos.

Cada pequeño gesto de cuidado es un gracias silencioso:

  • descansar cuando estamos agotados,

  • nutrirnos con verdaderos alimentos,

  • hidratarnos apropiadamente,

  • movernos con gozo según nuestras capacidades,

Cuidar el cuerpo es reconocer que la vida es sagrada.
Que el amor de Dios pasa también por lo concreto, lo cotidiano, lo físico.

brown and white butterfly under blue sky during daytime
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El bienestar como camino espiritual

No son dos mundos separados en nosotros: el espiritual y el físico.

La Palabra no los separa.
Jesús no los separa.
Y la propia Encarnación es prueba de ello: Dios eligió un cuerpo para salvarnos.

El descanso, la alimentación, el autocuidado, todo forma parte de un mismo movimiento: amar la vida que se nos dio.

Cuando descansamos de verdad, dejamos que Dios nos restaure.
Cuando respiramos profundo, le abrimos espacio.
Cuando nos cuidamos, reconocemos que somos obra de Sus manos.

Esta es una invitación: camina hacia el bienestar.
Tu cuerpo es un templo vivo donde Él habita, habla, sostiene, guía y acompaña. No permitas que ocupaciones, distracciones o ciertas invitaciones te alejen de ser una oración encarnada basada en el amor y reverencia a lo que Él te ha regalado y puesto bajo custodia.

Mientras Él, el amor mismo, sea donde tengas la mirada, no caerás en la vanagloria, el egocentrismo y todo lo vano.

No hay nada que temer, priorízate teniendo en cuenta que eres sagrario vivo y deja que su gracia te sostenga en un caminar donde la salud vendrá en consecuencia de amar y honrar a aquel que es fuente de todo lo bueno visible e invisible.

Que Dios sea la luz que guíe tu camino hacia el verdadero bienestar. Y recuerda, en Angelorum estamos felices de acompañarte y apoyarte en el proceso.